Poner límites a los hijos adolescentes sin romper una buena relación

La adolescencia es una etapa temida por muchos padres; pensamos que será un periodo de retos y nos predisponemos para ello desde que nuestros hijos aún son pequeños, incluso llegamos a transmitirles esta idea a los niños cuando les decimos que los adolescentes son complicados, problemáticos, retadores, etc. o cuando explicamos los malos humores de sus hermanos o primos jóvenes en términos de su edad.

Esto hace que cuando muchos niños llegan a la adolescencia sientan que se espera que sus comportamientos sean rebeldes y negativos por la etapa de desarrollo que atraviesan y de alguna manera sientan que es normal.

Establecer y dejar claro que límites y normas son inamovibles

Los adolescentes son mucho más capaces de entender lo que hay detrás de un límite que cuando eran un niño y las posibles consecuencias de traspasarlos. Sin embargo, con todo y todo les cuesta muchas veces respetar las normas. Por otro lado, hay algunas reglas que pueden considerar injustas y en ese caso vale la pena platicar con ellos y hacerles ver lo que hay detrás.

Primero que nada, es importante definir y dejarles claro (con el tiempo y la experiencia), aquellos límites en los que NO hay negociación. En la categoría de límites NO negociables, entrarían, por ejemplo: el respeto a la autoridad, los buenos modales, fijar ciertas responsabilidades básicas de las que debe hacerse cargo y que pueden ir cambiando con el tiempo, los deberes escolares, lo acordado en torno al consumo de alcohol en fiestas y cualquier otra que la familia considere esencial.

¿Hay que negociar los límites en la adolescencia? Si bien hay límites que no están sujetos a discusión, hay otros que se pueden negociar en distintos momentos y de cuyo manejo incluso podemos sacar ventaja. Algunos padres piensan que no se deben negociar límites y normas, porque que sus hijos sentirán que ellos han ‘ganado’ y que ellos como padres estarán perdiendo el ‘control’.

Mantener una buena relación y comunicación con los hijos: Con los adolescentes, negociar no solo es una buena idea, sino en muchas ocasiones una necesidad, ya que no es posible mostrarnos inflexibles en todo sin generar resentimiento y probablemente conductas más complicadas de regular a futuro.

Algunos ejemplos de temas susceptibles de negociación son: uso del celular y redes sociales, la asistencia a algún lugar, la hora de llegada de una fiesta, etc.

Relajémonos un poco y saquemos el mayor provecho de cada situación, para mantener una relación cercana y funcional con nuestros hijos adolescentes.